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Noticias // PRENSA

19.06.2010 | FUENTE: AIM digital

Invasión argentina al resto del mundo


Pero otra cosa son las hormigas argentinas. Pequeñitas, de apariencia desdeñable, que viajan de contrabando en la ropa o en las valijas de los argentinos y no se pueden detener ni erradicar a pesar de que no tienen protección sino de sí mismas.

La linepithema humile, tal su nombre científico, llegó en barcos graneleros a fines del siglo diecinueve a los Estados Unidos, posiblemente a Nueva Orleans. Desde entonces se extendió por todo el sur del país y ahora vive y no deja vivir en buena parte del país incluso hasta 200 kilómetros al norte de San Francisco.

A pesar de su apariencia es feroz con otras especies de hormigas, y a diferencia de los humanos argentinos muy disciplinada y solidaria dentro de sus colonias y enormemente exitosa en su lucha por la vida.

Son muy organizadas, tienen gran capacidad de reproducción porque a diferencia de otras especies pueden tener no una sino centenares de reinas en cada hormiguero, y no obstante no medir más de tres milímetros de largo pueden derrotar a hormigas mucho más grandes.

Invadieron el Japón, de modo que los japoneses las consideran hoy la más dañina de todas las especies animales que conocen. Los norteamericanos ven podados sus jardines y perjudicadas sus cosechas y ensayaron con ellas un método que aplican con señalado éxito en otros ámbitos: intentaron confundirlas para que no se reconozcan como hermanas y se peleen entre ellas, lo que no está dentro de sus costumbres porque no admiten rencillas internas, pero hay una droga que aparentemente logra ese efecto sobre ellas al modificar el olor que exhalan.

En otros países, donde deben combatir a las hormigas autóctonas, son pacíficas entre sí. Esta condición, sumada a su capacidad reproductiva, les permite alcanzar poblaciones muy numerosas, capaces de encontrar alimento en tiempo récord y desplazar a otras en la lucha por la comida.

Fuera de nuestro país, donde no tienen un desempeño tan agresivo ni ostensible, las hormigas argentinas al destruir a otras hormigas provocan desequilibrios ecológicos como la muerte de otros animales, como lagartijas, que viven de las hormigas nativas exterminadas.

Además, interfieren en el transporte de semillas de plantas autóctonas, que también es llevado a cabo por esas hormigas nativas canibalizadas por la linepithema humile. Además, las argentinas protegen a los pulgones que dañan mucho a las plantas. De manera que los daños a los cultivos pueden llegar a ser millonarios.

Fuera de su país de origen, las hormigas argentinas no compiten entre sí, de modo que forman un superejército que ataca y llega a causar la extinción de otras especies de hormigas, como ya sucedió en California, en Hawai, en África del Sur y hasta en la Isla de Pascua.

No se identifican como enemigas, al contrario, actúan como buenas compatriotas como si no pertenecieran solo a la misma especie sino a la misma colonia, que amenaz extenderse por todo el planeta y dominarlo. Las hormigas en conjunto, si fueran pesadas, representarian a cuarta parte del peso de todos los animales del mundo juntos.

A partir de su hogar natal el el noroeste argentino, la linipithema humile se extendió enormemente desde el siglo XIX a Paraguay, Brasil y Uruguay. Luego llegó en barco a España y Portugal y ya hacia 1925 estaba bien establecida en los Estados Unidos, en Nueva Orleáns. Invadieron luego el Japón. No obstante las enormes distancias y los océanos entre ellas, siempre se reconocen como hermanas integrantes de una misma familia. Así las entienden los científicos que las estudian para tratar de parar la invasión.
 
La linephitema humile es una enorme familia diseminada en tres continentes diferentes a partir de la similaridad de olores que exhalan sus exoesqueletos. El aroma les permite identificar a sus colegas de la misma colonia y también detectan a las intrusas, que son atacadas y eliminadas.

En nuestro país, hay otras hormigas que las controlan y les ponen coto, pero fuera de él, como especie exótica, son fieras que atacan todo los que se les pone por delante, animales, cultivos, despensas. Ortega y Gasset, cuando visitó nuestro país a comienzos del siglo pasado, descubrió en los argentinos una actitud "imperial". Sin duda, si la hubo, ya no existe, pero al menos las hormigas argentinas son indiscutiblemente imperialistas.

Han llegado a constituir en el mundo entero una única supercolonia argentina, la más grande y extensa de todas las conocidas en la Tierra. En Europa, esta supercolonia se extiende a lo largo de 6000 kilómetros y en Estados Unidos, sobre todo en California, tiene unos 900 kilómetros de extensión.

Las hormigas argentinas son tremendamente exitosas, están "condenadas al éxito" como dijo cierto presidente de nuestro país, de una manera desconocida hasta ahora en ninguna otra especie animal. Asombran al mundo, que no puede terminar de entender su comportamiento "globalizado" tanto como no puede entender porqué nosotros no tomamos al menos un mínimo ejemplo de ellas y capitalizamos todo lo que tenemos si no para invadir, al menos para mejorar.

Fuente: AIM digital

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